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El pensamiento binario

Hay 10 tipos de personas, las que entienden binario y las que no.

Empiezo este post con este pequeño chiste “geeky” porque me hace mucha gracia, aunque no tiene nada que ver con el título y el contenido del mismo.

Últimamente, me encuentro con dos reflexiones altisonantes que reclaman para sí el conocimiento de la causa de la crisis:

  • Grupo 1: La culpa es de los empresarios, insaciables, ambiciosos y medio delincuentes.
  • Grupo 2: La culpa es de los sindicatos, funcionarios y trabajadores en general, que no dan un palo al agua

Eso sí, hay una reflexión que pone de acuerdo a ambos grupos: la culpa es de los políticos, de los bancos y de Merkel que nos tiene manía.

Y el caso es que todas estas reflexiones me resultan algo simples porque la realidad no es binaria, no es blanca o negra.

Por mi trabajo tengo contacto con personas de ambos grupos, y en ningún caso se corresponden con la caricatura. Pero lo que más me sorprende es que, en general, cuando alguien emite una crítica tan vehemente no suele relacionarse con el destinatario de la misma y se limita a reproducir una serie de consignas tópico-típicas.

En mi caso, podría ser el objetivo de la crítica del primer grupo ya que desde hace ya más de diez años tengo empresa propia, pequeña, diminuta, pero propia. Hemos pasado por todas las fases: creación, crecimiento con contratación, mantenimiento y, fruto de estos tiempos, sufrimiento y decrecimiento. Seguimos sobreviviendo con mucho esfuerzo, nuestro y de la gente que ha trabajado con nosotros.

Por otro lado, algunos de nuestros clientes pertenecen al segundo grupo de “presuntos culpables”, es decir sindicatos y organizaciones públicas. Dentro de este grupo, lo que más me he encontrado es gente que se deja la piel en su trabajo sin ninguna contraprestación adicional más que pensar que su trabajo es beneficioso para la sociedad. Por supuesto que he encontrado gente incompetente/enchufada, pero en ambos bandos.

Reconozco que en determinados ambientes, lo de tener una nano-empresa no es algo que me haga sentir cómodo, y a veces es difícil expresar mi posición. Pero si hay algo que pone de acuerdo a todos es que la situación del país no se resolverá mientras no se creen puestos de trabajo, y mucho me temo que el estado tardará bastante en crearlos. Así que  creo que se debería empezar a valorar más a la gente que arriesga su patrimonio, esfuerzo, vida y familia para crear algo. Igualmente es absurdo pensar que toda la gente que trabaja desde el estado/sindicatos no piensa más que en enarbolar pancartas, muchas de las cuales son justas y necesarias.

Ya escribí hace tiempo sobre lo cómodos que nos sentimos con medios de comunicación que confirman nuestra forma de ver la realidad y lo poco objetivos que nos volvemos con esta práctica, así que vuelvo a sugerir que escuchemos otras voces para volvernos menos binarios y más difusos.

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Esos trabajos no volverán, Steve Jobs dixit

Hace casi un año escribí sobre una famosa cena de Obama con algunos de los mejores empresarios tecnológicos de los USA, en  la que el super presidente quería pulsar la opinión de los líderes. Al parecer Obama aprovechó para hacer alguna pregunta embarazosa.

Al menos eso he leído en un artículo muy interesante, en el que relatan que Obama le preguntó a Steve Jobs porqué no llevaba la fabricación de los iPhones a USA, ayudando así a paliar la alta tasa de paro del país. Jobs le contestó: “esos trabajos no volverán“.

El artículo explica el porqué de la externalización de la producción del iPhone fuera de los USA, casi todo en China,  y no deja lugar a dudas de lo imparable que es el proceso. Y no solo por el coste de mano de obra sino por la flexibilidad que ofrecen las empresas chinas. El artículo directamente afirma que en EEUU no se podría fabricar los iPhone con los estándares de calidad que demanda Apple. Y no hablan de mano de obra no cualificada, se habla de cualificación técnica media.

Todos tenemos en la cabeza a las fábricas chinas con salarios de risa y condiciones laborales de lo más precarias. Pero no es tan común la imagen de empresas capaces de hacer decir a un directivo de Apple:

“La velocidad y la flexibilidad de estas empresas te quitan el aliento. No hay ninguna fábrica americana que sea capaz de esto.”

Si esto es lo que piensan en EEUU, la primera potencia económico-tecnológica, ¿en qué deberíamos pensar nosotros, con nuestra tasa de paro y nuestro modelo productivo (empresas, empresarios y trabajadores)?.

Hace algún tiempo escribía sobre un libro de Daniel Pink en el que proponía soluciones para los “trabajadores del conocimiento”, pero ¿y para el resto?.

La verdad es que no tengo ni idea de cual es la solución, pero intuyo que está muy relacionada con la formación, sea en la disciplina que sea. Y más vale que nos demos prisa, y acertemos.

Por cierto, otra de los comentarios de Jobs fue:

“No estoy preocupado por el futuro de este país a largo plazo, este país es fantástico. Lo que me preocupa es que no hablamos suficientemente sobre soluciones.”

También en esto nos parecemos.

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Evernote: descarga tu memoria

A veces te sorprendes hablándole a alguien de un programa que crees tan extendido como la gripe y resulta que no es así. Por esta razón, y porque hace tiempo que no escribo estrictamente de tecnología, me apetecía hacer una breve descripción de uno de las herramientas más útiles que conozco: Evernote.

Para quien no conozca esta herramienta, Evernote es un programa que permite guardar  y organizar información. El programa almacena la información en forma de notas, que  pueden ser un fichero de sonido, una foto o, lo más habitual, texto enriquecido. Permite agrupar toda la información en libretas y etiquetarlas a nuestro gusto. La información esta “en la nube”, cualquier día nos cae la del pulpo cuando todo lo que hay ahí arriba condense y le dé por convertirse en gota fría, y es posible acceder a ella desde casi cualquier  dispositivo.

Como reza en su web, Evernote permite básicamente:

  • Introducir información en format de texto, sonido o imagen. Esto es lo básico
  • Capturar información desde la web
  • Sincronizar la información para todos los dispositivos, fundamental para los que usamos diferentes equipos
  • Buscar texto dentro de sus imágenes, lo utilizo poco pero es mágico

Hasta aquí, nada especial. Pero dónde Evernote despliega todo su potencial es en la cantidad de posibilidades de entrada de información disponibles y la capacidad que tenemos de organizarla y buscarla posteriormente.

Pero yo añadiría como detalles importantes, casi fundamentales:

  • Las herramientas para organizar la información: libretas y etiquetas, el límite es tu imaginación
  • El potente buscador que localiza cualquier nota instantáneamente
  • La posibilidad de almacenar búsquedas que nos evitan perder demasiado tiempo para organizarlas
  • Podemos “enviarle un correo” a Evernote para que lo convierta en una nota, genial y muy útil.

Como cualquier programa freemium, dispone de una versión gratuita y otra premium, o de pago. Personalmente, todavía no he necesitado la versión de pago y llevo mucho tiempo utilizándola, aunque en función de lo que queramos almacenar nos puede ser muy útil, y no me parece nada cara teniendo en cuenta lo que aporta.

De todas las versiones, utilizo a diario la versión para Windows, Mac (la más sobresaliente), iPad e iPhone, pero he utilizado la de Maemo (N900, aunque no está soportada por la empresa)  y la de Android. Es también posible trabajar con las notas desde su versión web y funciona muy bien, pero si tienes a mano la de sobremesa, no hay color.

Y ¿qué almaceno en Evernote?, pues casi todo:

  • Utilizo GTD como sistema de organización personal, así que todo va ahí
  • Trozos de código
  • Imágenes interesantes
  • Artículos que quiero leer
  • Enlaces
  • Información  de clientes, proyectos, etc.
  • En fin, lo dicho, la imaginación es el límite

¿Y la seguridad…? bien, ese es uno de los puntos que cualquiera que trabaje con aplicaciones en la nube se plantea. En mi caso, hace ya tiempo que decidí que pesaba más lo que recibía que lo que, potencialmente, arriesgaba. Aun así, Evernote permite encriptar la información o conservar algunas libretas como locales para que no sean sincronizadas, pero como digo es algo muy personal.

 

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El vendedor de tiempo

¿Os imaginais alguien que vendiese tiempo empaquetado?. Uno compraría una caja de una hora de tiempo y podría disfrutarlo cuándo y dónde quisiese sin que nadie se lo pudiese impedir. Cuanto más dinero, más tiempo para disfrutar.

Curiosa idea, ¿no?, pues ese es el argumento de un interesante libro de Fernando Trías de Bes que leí hace ya algunos años y que, no sé porqué, últimamente me ha venido a la cabeza: El vendedor de tiempo.

Trías de Bes hace en el libro una ácida crítica al sistema económico actual. Resulta paradójico trabajar para poder disfrutar de un tiempo, que nunca llega porque lo utilizamos precisamente en trabajar.

La vida es algo más compleja, pero la presión consumista a la que estamos sometidos consigue que nos pasemos la vida buscando “El Dorado” sin disfrutar de las cajas de tiempo que cada día nos tocan por sorteo.

Estas reflexiones siempre me vienen en fin de semana, no sé porqué será.

Os dejo un cuento, del que no sé el autor, quizás es anónimo:

El pescador satisfecho

El rico industrial so horrorizó cuando vio a un pescador tranquilamente recostado en su barca y fumando su pipa

- ¿Por qué no has salido a pescar? – preguntó el industrial.
- Porque ya he pescado bastante por hoy. – respondió el pescador.
- ¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas? – Insistió el industrial.
- ¿Y qué iba a hacer con ello? – preguntó a su vez el pescador.
- Ganarás más dinero, de ese modo podrías poner un motor a tu barca, entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces, entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nailon. Pronto ganarías para tener dos barcas… y hasta una verdadera flota, entonces serías rico como yo.
- ¿Y qué podría hacer entonces? – Preguntó de nuevo el pescador.
- Podrías sentarte y disfrutar de la vida. – Respondió el industrial.
- ¿Y qué estoy haciendo en este preciso momento? – respondió satisfecho el pescador.

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Esto sólo lo arreglamos entre todos

Revisando mis posts de estos últimos dos años, veo que he escrito bastante sobre la crisis y los diferentes enfoques vitales ante ella, más de lo que pensaba.Como muestra un botón.

El caso es que hace ya unas semanas que vengo escuchando una cuña en radio sobre la web estosololoarreglamosentretodos.org y, aunque soy algo escéptico ante este tipo de iniciativas con tanto músculo (bien lo sabe Alicia), creo que vale la pena escuchar este tipo de mensajes positivos y tirar, empujar, estirar o lo que haga falta, pero entre todos. Hay demasiados mensajes negativos, interesados o no, que no ayudan en nada para salir del pozo en el que estamos.

Así pues, si esto puede ayudar, bienvenido sea y en cualquier caso, aprovechemos la crisis para sacar lo mejor de nosotros mismos. Como me decían el otro día, la crisis para los feos ;-)

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Google, algunos números

En septiembre de 1997 se pudo acceder por primera vez a google.com. Desde entonces han pasado muchas cosas en Internet y en muchas de ellas, Google ha sido protagonista.

Leo en Pingdom una recopilación de hechos y datos sobre Google. La verdad es que son mareantes.

Algunas curiosidades, en abril de 2004 Google hizo una oferta pública de acciones por valor de 2.7oo millones de dólares, exactamente $2,718,281,828, o lo que es lo mismo, el producto entre la constante matemática e y mil millones de dólares… sin palabras.

Con unos 20.000 empleados, cada uno de ellos contribuye a ingresar cerca de 1.200.000$  y genera unos beneficios de más de 200.000$ anuales para la empresa. De todas formas, es interesante analizar cuánto y cómo gana cada uno de los grandes tecnológicos, también en Pingdom.

El caso es que Google ha pasado de ser la empresa simpática llena de chicos buenos a un monstruo que empieza a preocupar a más de uno.

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¿Sabemos apreciar la excelencia?

El 12 de enero de 2007, el Washintong Post realizó un curioso experimento. Eran las 7:51 de la mañana de un viernes y uno de los mejores violinistas del mundo entra en una estación de metro para tocar su Stradivarius (El Gibson ex Huberman) de 300 años de antigüedad y algo menos de 4 millones de dólares. Se sitúa de espaldas a un cubo de basura y de frente a la entrada de los viandantes por la estación de metro e inicia el concierto con una Chacona de Bach.

En 45 minutos, Joshua Bell, que gana miles de dólares en cada concierto, consiguió 32.17$ de 27 viandantes, a excepción de 20$ de un pasajero que sí le reconoció.

La noticia salió a la luz 3 meses después y entonces me impresionó. El Washintong Post planteó el experimento para demostrar que la belleza se percibe de forma muy diferente en función del contexto, predisposición de la persona, etc. Un Joshua Bell con gorra y vaqueros en una de las estaciones de metro más transitadas no mereció demasiada atención, aunque días antes se agotaran las entradas para verlo en concierto.

Independientemente de las trampas que pueda tener el experimento, este hecho me hace pensar que esto pasa en todos los ámbitos de la vida, y por supuesto en lo profesional. ¿Cuantas veces utilizamos software excelente sin ser conscientes de ello porque no lleva puesto el frac?

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Pensamiento positivo

pensamiento-negativoNo confío demasiado en las típicas listas de “10 formas de  …”, pero en esta ocasión he leído en el blog de Leo Babauta, su post “10 formas de vencer el síndrome de insatisfacción vital” y me ha inspirado una reflexión acerca de lo importante que es el pensamiento positivo.

En su blog Zen Habits suele hablar sobre crecimiento personal. Su lema (y el de Aristóteles) es: somos lo que hacemos repetidamente, la excelencia es un hábito

Leo propone 10 formas de conseguir desterrar la sensación de insatisfacción que, al menos a mí, tan frecuentemente nos afecta.

Estas son las ideas que propone:

  1. Hacer pequeños cambios positivos
  2. Desterrar el pensamiento negativo
  3. Apreciar el lado bueno de las cosas
  4. Hacer ejercicio
  5. Apreciar a los seres queridos
  6. Perseguir una pasión
  7. Hablar y trabajar con gente excitante
  8. Tomarse tiempo para recargar pilas
  9. Conseguir opiniones enriquecedores
  10. Ayudar a los otros

Aunque están excesivamente resumidas, todavía lo haría más en:

  1. Pensamiento positivo
  2. Ejercicio
  3. Pasión por lo que hacemos
  4. Rodearnos de gente no tóxica
  5. Dar y ayudar

Siguiendo con algunos de mis últimos comentarios acerca de la crisis, es fundamental que cambie el sentimiento general de toda la sociedad. Así que si esto ayuda algo, bienvenido sea.

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¿Por qué no pensamos a lo grande?

think-bigAyer tuve una reunión con Javier Giménez, un emprendedor valenciano que ofrece un producto más que interesante, basado en open source. 

Caualmente hace unos día escribí sobre la cloud computing, y aprovechando que Javier conoce de primera mano el sector del software como servicio, estuvimos charlando de las posibilidades enormes que nos presenta a las empresas de desarrollo de software web.

El hecho es que durante la conversación nos preguntábamos porqué a las empresas de software españolas nos cuesta tanto pensar a lo grande. No nos planteamos vender nuestros productos fuera de España. Javier comentó ayer en su blog este asunto y piensa que la razón fundamental de esta limitación es mental.

Estoy totalmente de acuerdo con esta opinión. El año pasado en SPL recibimos desde la web varias peticiones del extranjero, y dos de ellas llegaron bastante lejos en la negociación. En uno de los casos, la petición venía de Nueva York y el obstáculo fue la cotización del dólar, éramos un 40% más caros que la empresa americana que ofrecía lo mismo ¿curioso no?

El caso es que el coste de ofrecer nuestras aplicaciones no es mucho más alto que ofrecerlas aquí, y es evidente que el mercado es infinitamente mayor.

Las posibilidades que ofrece la nube son enormes.

Entonces, ¿qué es lo que nos frena?

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La nube informática

Mapa de Internet (2005)Un poco de rollo:

En la prehistoria de la informática, la época de los grandes dinosaurios cibernéticos, el software se regalaba junto con el hardware. Era la época de IBM y los siete enanitos, la época de máquinas con miles de kilos de peso y de muchos ceros en el precio. Era cuando se alquilaba tiempo de procesador en una máquina y uno no tenía un ordenador en su empresa, y mucho menos en su casa.

Después llegan los 80 con el nacimiento del ordenador personal y la explosión de plataformas, de las que los máximos exponentes son el PC y el Mac. Por el camino quedaron las máquinas de Atari, Commodore, Sinclair, y tantos otros.

Desde entonces el modelo de utilización de software ha sido básicamente el mismo, los usuarios compran licencia de uso del software, lo instalan en sus equipos y los disfrutan.

Pero en los 90, nacen dos de los culpables de la situación actual. Por un lado el movimiento de software libre revoluciona el mundo de las licencias de software y genera el caldo de cultivo para los desarrollos de los próximos años. Por otro lado nace la World Wide Web, el lado más visible de lo que hoy conocemos como Internet.

El resto ya nos suena más, Windows, Linux, Office, Explorer, Mozilla, etc… Pero seguíamos instalando los programas en nuestro ordenador personal para poder utilizarlo.

La nube

Y entonces llega el siglo XXI, y con él llegan Google, Wikipedia, Facebook, Twitter, ebay, Salesforce y tantos otros. Todas ellas son aplicaciones web y la gran mayoría basadas en lenguajes, metodologías y herramientas open source.

Y aquí es donde nos lleva el título del post. Y es que, es a partir del nacimiento de todas estas aplicaciones a las que se accede mediante el navegador cuando se empieza a hablar de la “cloud computing“. 

La nube informática no es más que una metáfora del hecho de disponer de nuestros datos en Internet. Nuestros datos son correo, documentos, hojas de cálculo, presentaciones, fotografías, reflexiones, etc., y todo en programas para las que únicamente requerimos un navegador.

Para todos los que disfrutan de la red social todo este post sonará antiguo, ¿a qué viene ahora hablar de Gmail, Facebook, etc., con millones de usuarios por todo el mundo? y sin embargo su implantación en las empresas es todavía muy pequeña.

En general las empresas ven más desventajas que ventajas y parece que se resisten a entrar. Y por otro lado se plantean dudas para nada desdeñables, como son el ¿dónde están los datos?, ¿quién puede disponer de ellos?, ¿están seguros?.

En definitiva, problemas de control y privacidad que parece no han afectado a todos los millones de usuarios que utilizan diariamente estos servicios.

Desde mi punto de vista, esta es la nueva revolución informática, o como dice Nicholas Carr “The Big Switch” y paradójicamente volvemos a los inicios: acceso desde una terminal semitonta al gran superordenador y alquiler de servicios.

Aunque en informática estamo demasiado acostumbrados a las revoluciones.

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