Un poco de rollo:
En la prehistoria de la informática, la época de los grandes dinosaurios cibernéticos, el software se regalaba junto con el hardware. Era la época de IBM y los siete enanitos, la época de máquinas con miles de kilos de peso y de muchos ceros en el precio. Era cuando se alquilaba tiempo de procesador en una máquina y uno no tenía un ordenador en su empresa, y mucho menos en su casa.
Después llegan los 80 con el nacimiento del ordenador personal y la explosión de plataformas, de las que los máximos exponentes son el PC y el Mac. Por el camino quedaron las máquinas de Atari, Commodore, Sinclair, y tantos otros.
Desde entonces el modelo de utilización de software ha sido básicamente el mismo, los usuarios compran licencia de uso del software, lo instalan en sus equipos y los disfrutan.
Pero en los 90, nacen dos de los culpables de la situación actual. Por un lado el movimiento de software libre revoluciona el mundo de las licencias de software y genera el caldo de cultivo para los desarrollos de los próximos años. Por otro lado nace la World Wide Web, el lado más visible de lo que hoy conocemos como Internet.
El resto ya nos suena más, Windows, Linux, Office, Explorer, Mozilla, etc… Pero seguíamos instalando los programas en nuestro ordenador personal para poder utilizarlo.

Y entonces llega el siglo XXI, y con él llegan Google, Wikipedia, Facebook, Twitter, ebay, Salesforce y tantos otros. Todas ellas son aplicaciones web y la gran mayoría basadas en lenguajes, metodologías y herramientas open source.
Y aquí es donde nos lleva el título del post. Y es que, es a partir del nacimiento de todas estas aplicaciones a las que se accede mediante el navegador cuando se empieza a hablar de la “cloud computing“.
La nube informática no es más que una metáfora del hecho de disponer de nuestros datos en Internet. Nuestros datos son correo, documentos, hojas de cálculo, presentaciones, fotografías, reflexiones, etc., y todo en programas para las que únicamente requerimos un navegador.
Para todos los que disfrutan de la red social todo este post sonará antiguo, ¿a qué viene ahora hablar de Gmail, Facebook, etc., con millones de usuarios por todo el mundo? y sin embargo su implantación en las empresas es todavía muy pequeña.
En general las empresas ven más desventajas que ventajas y parece que se resisten a entrar. Y por otro lado se plantean dudas para nada desdeñables, como son el ¿dónde están los datos?, ¿quién puede disponer de ellos?, ¿están seguros?.
En definitiva, problemas de control y privacidad que parece no han afectado a todos los millones de usuarios que utilizan diariamente estos servicios.
Desde mi punto de vista, esta es la nueva revolución informática, o como dice Nicholas Carr “The Big Switch” y paradójicamente volvemos a los inicios: acceso desde una terminal semitonta al gran superordenador y alquiler de servicios.
Aunque en informática estamo demasiado acostumbrados a las revoluciones.