Gente rara y fantástica
Habitualmente escribo sobre temas variopintos: gestión personal, tecnología, empresa, crisis y reflexiones varias. Hoy me apetece escribir acerca de una parte muy importante a la que dedico parte de mi energía.
Hoy, por ayer, hemos acabado la grabación del próximo disco del Victoria Musicae, y con este ya van siete.
Tras el último concierto, han seguido tres días de intenso trabajo. Tres días en los que 28 personas hemos compartido una calurosa capilla en la que hemos cantado, tocado, grabado, abanicado, comido galletas, reído, transpirado (mucho) y, sobre todo, hemos hecho música. Eso sí: deliciosamente mesotónica
.
Además de música, un proyecto como este supone movilizar a casi treinta personas, algunos de los cuales vienen de fuera de España, organizar hotel, autobús, alquilar instrumentos, ensayos, reserva de sala y un sinfín de detalles, para acabar con un montón de ficheros de sonido en formato WAV que todavía tienen que convertirse en un CD.
Durante la grabación, me preguntaba si todo este tinglado tiene sentido. En un lado de la balanza: el esfuerzo, personal y familiar, de todos los que movemos el VM para poder desaparecer del mundo durante 3 días, y estar los meses previos haciendo que todo encaje. En el otro lado de la balanza, una producción discográfica con una audiencia tan reducida que nos deja muy lejos de la rentabilidad económica, aunque ese nunca ha sido el objetivo.
Hoy tengo claro cual es el sentido de hacer todo esto, y es precisamente eso: hacerlo. Porque, como ya he escrito otra vez, lo importante es el camino. Un camino que en cada proyecto me permite conocer gente rara y fantástica de la que no queda otra más que enriquecerse. En fin, con el cansancio todavía en el cuerpo me apetecía contarlo aquí, un rincón apartado. Y ahora: a disfrutar del verano, que ya se está acabando. Mañana día de asueto, paella, piscina y… gente rara y fantástica.
