Archivo para abril, 2011

¡Me han robado la idea!

En la famosa película “La red social“,  y también en la realidad, Mark Zuckerberg es acusado por los musculosos hermanos Winklevoss de robarles la idea. Es obvio que el guionista toma partido por Mark al pintarnos a los olímpicos como unos niños bien que pretenden aprovecharse de la inteligencia del asocial Zuckerberg, pero recuerdo que cuando supe de la historia de Facebook me asaltó esta reflexión: las ideas sin implementación no sirven de nada.

Tener ideas es relativamente fácil, lo difícil es llevarlas a cabo. Y es que ideas como Facebook hubo muchas, pero ninguna ha llegado donde ha llegado la red social por antonomasia. Una buena idea sin implementación se queda para contársela a los amigos en el bar, una buena implementación de una idea normalita puede tener éxito.

Hay dos tipos de personas: los “thinkers”, preocupados más en pensar, planificar, estudiar y prepararse para el momento de hacer, en definitiva afilar la sierra, y los “doers”, aquellos que llevan a cabo los proyectos. Mientras los “thinkers” tienen maravillosas ideas que nunca llevarán a cabo, estudian geniales habilidades que raramente utilizarán, presumen y critican a los que les han robado las ideas. Mientras, los “doers” crean, mejor o peor, pero crean.

No estoy diciendo que la formación no sea importante, lo es. Pero en algún momento hay que pasar a la acción. Creo que hay demasiados “thinkers” y muy pocos “doers”, y así nos luce el pelo.

Personalmente tengo más tendencia a ser un “thinker” que un “doer”. La mayoría de las ideas o deseos se quedan en nada porque no las llevo a cabo. Así que, como si de un 1 de enero se tratara, voy a ser bueno e intentar adoptar el hábito de hacer además de pensar. Me resultará difícil, pero no hay otro camino.

¿Y tú, qué eres?

PD: La foto únicamente tiene el objetivo de incrementar el número de lectoras ;-) .

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La vida y los baobabs

Hace ya años, siendo todavía más niño, leí El Principito, de Saint-Exupéry.

El Pricipito, es uno de esos libros para niños que puede perfectamente “leer y entender” un adulto. Relata las conversaciones entre un aviador y un pequeño príncipe que viene de otro planeta. Pero el objeto del post no es hablar del libro.

El caso es que una de las conversaciones que se me quedó grabada fue una que habla de los baobabs. Los baobabs son árboles que pueden llegar a medir 30 metros de altura y más de 10 de diámetro, en fin, enormes. Y el libro dice así:

Resulta que en el planeta del principito había, como en todos los planetas, hierbas buenas y hierbas malas. Por lo tanto buenas semillas de hierbas buenas y malas semillas de hierbas malas. Pero las semillas son invisibles. Duermen en el secreto de la tierra hasta que a una se le antoja despertarse. Entonces se estira, y extiende tímidamente hacia el sol una encantadora ramita inofensiva. Si se trata de una ramita de rábano o de rosal, se la puede dejar crecer como quiera. Pero si se trata de una maleza, hay que arrancarla en seguida, en cuanto se la pudo reconocer. Ahora bien, había unas semillas terribles en el planeta del principito… eran las semillas de baobab. El suelo del planeta estaba plagado de ellas. Y de un baobab, si uno se deja estar, no es posible desembarazarse nunca más. Obstruye todo el planeta. Lo perfora con sus raíces. Y si el planeta es demasiado pequeño, y si los baobabs son numerosos, lo hacen estallar.

“Es cuestión de disciplina, me decía más tarde el principito. Después de terminar la higiene matinal, hay que hacer con cuidado la limpieza del planeta. Hay que obligarse regularmente a arrancar los baobabs en cuanto se los distingue de los rosales, a los que se parecen mucho cuando son muy jóvenes. Es un trabajo muy fastidioso, pero muy fácil”

 

Y es que la vida está llena de semillas de baobabs, de pequeños problemas que se inician siendo insignificantes, pero que vamos dejando con la intención de retomarlo en otro momento. Tanto en lo personal como en lo profesional es mucho más fácil arrancar los baobabs cuando son “ramitas inofensivas”. El problema es que cuando empiezan a brotar por todas partes es fácil dejar de verlos o confundirlos. Y cuando crecen, no con una manada de elefantes los podemos derribar.

Que cada uno entienda lo que quiera por semillas de baobab: tareas pendientes, correos, llamadas, miradas, reproches…, la metáfora le será igual de útil.

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